viernes, 23 de octubre de 2015

NADA QUE CELEBRAR

Artículo de Damián Rubio Publicado en Línea Local
 
El pasado 12 de octubre se celebró el Día de la Fiesta Nacional, que se llama así desde 1987, ya que anteriormente se llamaba Día de la Raza y Día de la Hispanidad. Aunque con el cambio de denominación se pretendió aunar a todos los españoles en esta celebración, el objetivo aún no se ha conseguido y la misma sigue estando rodeada de controversia.
En esta fecha, por mucho que se le quiera maquillar con el cambio de nombre, lo que se celebra es la efemérides histórica que supuso la conquista de América por parte de los españoles. A poco que se bucee en la historia se puede observar que no fue un proceso pacífico, sino todo lo contrario. Se da la paradoja de que lo que para unos fue motivo de “orgullo y satisfacción”,  para los invadidos supuso sufrimiento y explotación.
Esta celebración no acaba de calar en el sentimiento ciudadano porque, además de lo anteriormente expuesto, fue utilizada por el franquismo para ensalzar la victoria del bando nacional en la Guerra Civil. Si a esto le unimos que coincide con la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, que el citado régimen utilizó como principal elemento de represión, entenderemos mejor todavía el rechazo de ciertos sectores de la población.
En la actualidad, los actos conmemorativos de la Fiesta Nacional giran en torno al engrandecimiento de la Monarquía, el lucimiento de las fuerzas armadas, de las que el Rey ostenta su máximo rango, y al ensalzamiento de la bandera como emblema de la unidad de España. Todos ellos, símbolos de los que tradicionalmente se ha apropiado la derecha de este país.
Es por tanto entendible que muchos ciudadanos españoles no sientan esta Fiesta como suya, ya que no se identifican con algunos de los valores que en ella se ensalzan. Más bien al contrario, no se sienten orgullosos del genocidio de los nativos americanos. Además, les produce “urticaria” las reminiscencias franquistas, el carácter militarista que rodea la celebración y el ensalzamiento de la monarquía. 
Si al nacionalismo español le mezclamos en la misma coctelera el catalán y vasco, el resultado no es muy propicio para aunar voluntades, sino todo lo contrario. El nacionalismo en su esencia tiende a separar pueblos, y esto explica que muchos vascos y catalanes entiendan que esta es la fiesta nacional de otros, no la suya.
Para que la Fiesta Nacional tenga mayor calado y sea aceptada por la mayoría de los ciudadanos, habría que liberarla de las connotaciones anteriormente referidas para convertirla en una fiesta de todos. Habría que valorar en la misma medida a todos los ciudadanos: científicos, educadores, sanitarios, trabajadores, estudiantes, jubilados, etc. Tal y como está montada en la actualidad, da la sensación de que sólo merecen reconocimiento y homenaje las fuerzas armadas.
Me parece lógico que muchos entiendan que no hay nada que celebrar, y que es un derroche gastarse un “pastón” en actos protocolarios y en una parada militar.

Damián Rubio es Coordinador Local de IU-Verdes Alhama

No hay comentarios: