sábado, 27 de agosto de 2011

A DIOS ROGANDO…



Del 16 al 21 de agosto tuvo lugar la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) durante la cual más de un millón de peregrinos, principalmente jóvenes, de más de 150 nacionalidades, se encontraron con el Papa en Madrid. En los días previos muchos de los asistentes a este evento fueron acogidos en diversas ciudades y pueblos por familias católicas y por los respectivos ayuntamientos. En Alhama, concretamente, fueron acogidos unos 60 jóvenes eslovenos, que fueron recibidos en el salón de plenos por diversos miembros del Gobierno Municipal.
La Iglesia viene organizando estos encuentros mundiales de jóvenes cada dos o tres años desde que Pablo VI los inició en 1975. Oficialmente se pretende que la juventud se reúna con el Papa para escuchar su mensaje y compartir su fe con los demás. Desde mi punto de vista, sin embargo, son un fantástico escaparate propagandístico que la Iglesia monta, con financiación estatal y privada, para demostrar su poder de convocatoria y el peso que aún sigue teniendo sobre nuestra sociedad y sus gobernantes.
La prueba evidente del tremendo poder que aún sigue atesorando la jerarquía eclesiástica en nuestro país se ha hecho patente en las imágenes que los medios de comunicación nos han mostrado durante estos días. Desde que el papamóvil se detuvo para que su insigne ocupante hiciese su entrada triunfal a través de la puerta de Alcalá, todos los poderes del Estado se postraron a sus pies: Monarquía, Gobierno y el mundo empresarial. La cobertura mediática ha sido apabullante y no se ha escapado detalle alguno que sirviese para realzar aún más el evento. Sin embargo, los críticos con esta desmesura no han tenido más cobertura que los golpes de la policía, que ha venido a recordarnos los mejores tiempos del franquismo.
Este despliegue espectacular de la Iglesia se asemeja a la tradicional estrategia de los grandes dictadores dando “pan y circo” al pueblo para tapar sus miserias. En ningún momento de la visita el Papa ha condenado los numerosos casos de pederastia que salpican actualmente a esta Institución. Tampoco ha pedido perdón a los españoles por haber apoyado el franquismo y bendecido al Dictador, al que se le concedió la Orden Suprema de Cristo, y en cuya carta pontificia se expresaba: “Papa Pío XII a nuestro amado hijo Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español. Salud y bendición apostólica”. Sin embargo, no olvidó expresar su radicalismo en relación a algunos temas como: el celibato sacerdotal, el aborto, la eutanasia o los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Aunque se pretende vender la idea de que el Papa representa a todos los católicos, hay muchos sectores que discrepan abiertamente del lujo y boato que le acompaña. Me consta que los cristianos de base, que están a pie de calle junto a los más necesitados en cualquier lugar del mundo, no se identifican con este tipo de espectáculos y están mucho más pendientes de seguir el auténtico mensaje de Cristo. Estoy seguro de que, si de nuevo volviese a estar entre nosotros, a muchos de los que hoy dicen ser sus representantes en la tierra “los expulsaría del templo”.
Me ha llamado mucho la atención que, durante los días que ha durado la JMJ, en los medios de comunicación públicos y privados, que han cubierto con toda profusión de detalles el evento, no haya aparecido ni una sola imagen o noticia sobre la hambruna en Somalia, donde miles de personas, principalmente niños, están muriendo por falta de alimentos y de agua. Esto no es ninguna casualidad, sino una prueba más de la capacidad de manipulación del poder a través de los medios.

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