miércoles, 22 de febrero de 2012

PRODUCTOS BANCARIOS TÓXICOS



Desde que se inició la crisis del sector inmobiliario, las entidades financieras han ido sufriendo las consecuencias de la misma, debido a las grandes inversiones realizadas en macro-proyectos de todo tipo que finalmente han resultado ser un fiasco. Las más afectadas han sido las cajas de ahorros, que se han visto obligadas a realizar todo tipo de maniobras para sobrevivir: fusiones, absorciones, reconversiones, etc.
En lo que a nuestra localidad se refiere, lo más llamativo ha sido la caída en picado de la CAM, que tuvo que ser intervenida en julio del pasado año. No hay que olvidar que esta entidad surgió de la fusión de la Caja de Ahorros de Alhama (fundada en 1902) con la Caja de Ahorros del Sureste en 1976. Además, en la actualidad, es una de las inversoras más importantes en el Condado de Alhama. Es evidente que nadie esperaba la caída tan estrepitosa de una entidad con tanto peso específico en la zona de Levante.
En los últimos días han tenido reflejo en los medios de comunicación los problemas que tienen los pequeños inversores de la CAM, como consecuencia de la absorción de esta entidad por parte del Banco de Sabadell. Son muchos los clientes que se han visto despojados de sus inversiones y ahorros, y que desconocen qué va a pasar con su dinero.
La crisis económica ha provocado que las entidades financieras tengan menos dinero para sus negocios. Esto las ha llevado a captar nuevos clientes utilizando una serie de estrategias que, en algunos casos, incluyen publicidad engañosa. Entre ellas se encuentran los denominados, en el argot financiero, “productos tóxicos”, que entrañan riesgos que no todo el mundo conoce y con los que los pequeños ahorradores, que confiaban ciegamente en la solvencia de estas entidades, no habían contado.
Desconozco el calado real que este problema tiene en Alhama, pero sí sé que hay bastantes afectados que están buscando información y asesoramiento para saber cómo actuar. “La liebre ha saltado” con la CAM, pero me temo que no todo el mundo sabe en qué condiciones reales tiene invertido su dinero. Ya sabemos que cuesta mucho leerse la letra pequeña y, a menudo, se confía en la integridad de los profesionales de la banca, olvidando que su oficio es vender productos financieros y trabajan para quien les paga.
Me sorprendió que en el último pleno ordinario de enero no se admitiera a debate una moción de IU-Verdes en la que, ante esta situación, se pedía que la Concejalía de Consumo organizase asambleas para informar a los alhameños afectados sobre este tipo de inversiones y las posibles actuaciones a realizar para no perder sus ahorros. Afortunadamente, después de transcurrido unos días, el Gobierno Municipal, que rechazó el debate de la moción citada, ha recapacitado y se muestra dispuesto a llevar a cabo lo que en ella se solicita.
Me consta que ésta es una situación compleja en la que algunos grandes inversores sabían a lo que jugaban, conscientes de que la alta rentabilidad conlleva un alto riesgo. Sin embargo, a mucha gente, sobre todo a personas mayores, se les ha vendido este tipo de productos hablándoles únicamente de rentabilidad, y no de riesgo. Algunos llegaron a pensar que depositaban su dinero en un plazo fijo y que tenían garantizada su recuperación en el momento en que lo necesitaran.
Los hechos están demostrando -como dice Rajoy- que “nada es para siempre” y que, como dice el refrán popular, “nadie da duros a cuatro pesetas”.

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