viernes, 29 de julio de 2016

EL DESPRECIO DE LO PÚBLICO


Artículo de Damián Rubio publicado en Infolínea
Recientemente, los medios de comunicación local han publicado informaciones relacionadas con el robo de diverso material en espacios públicos. Concretamente, césped artificial y losetas de caucho de las que se utilizan en las zonas de juegos infantiles. Parece ser que algún “ciudadano” se apropió del mismo, posiblemente para hacer algunos arreglos en su propiedad.
Este hecho, aunque pueda parecer aislado, está muy relacionado con el desprecio que en este país se tiene por lo público, y que se ve reflejado en otros actos como los destrozos en mobiliario urbano, suciedad en las calles, excrementos de mascotas, pintadas, basuras fuera de los contenedores, etc.
Las causas del ataque a los bienes públicos pueden tener distintos orígenes, desde el puro divertimento de los que encuentran placer en destrozar, hasta la apropiación para beneficio propio. Sin olvidar otras motivaciones como: venganza, frustración personal, afán por llamar la atención, etc. No obstante, el denominador común lo podemos encontrar en la creencia de que lo público es algo abstracto que, aun siendo nuestro, no nos pertenece. Aunque pueda parecer contradictorio, se piensa que no es de nadie y podemos usarlo en nuestro provecho o destrozarlo, según nos venga en gana.
Desgraciadamente, la continua aparición en los medios de comunicación de noticias sobre la corrupción política, en las que los representantes públicos utilizan, con total impunidad, su cargo en beneficio propio o de sus allegados -familiares e ideológicos- no es un buen referente para los ciudadanos. Además, como se ha podido comprobar, estas actitudes no pasan factura electoral, sino todo lo contario.
En este país, el que se aprovecha de lo público no es socialmente reprobado por los demás, más bien al contrario, es sujeto de admiración e imitación. Se minimiza el delito o su falta de civismo, se aplaude su actitud y se le considera “un tipo listo”. El cuento al revés: a los “mangantes” les llamamos listos y a los honrados, tontos. La picaresca está secularmente metida en nuestro ADN, y siempre se ha considerado digna de admiración la habilidad para engañar.
Creo que la educación para la ciudadanía sigue siendo una asignatura pendiente en la sociedad española, que debería empezar en la familia con padres que prediquen con el ejemplo y sirvan de referente a sus hijos en este terreno. No podemos pedirle a un niño que respete lo público, si no ve que en su entorno familiar se hace. La escuela, también tiene su trabajo a realizar, reforzando lo que los niños aprenden en casa. Por su parte, la sociedad tiene que cumplir su parte reprobando las actitudes incívicas y valorando, por el contrario, honradez y civismo.
En los delitos contra lo público -si verdaderamente queremos acabar con estas actitudes- no basta con sancionar al que se coge “in fraganti”, también se debe restituir el daño causado, devolver lo robado e imponer una pena superior al beneficio obtenido.
Los ciudadanos tenemos que colaborar con la justicia denunciando los delitos que afecten a los bienes públicos, que son de todos y se pagan con nuestro dinero. El que roba algo público nos despoja de nuestros derechos y atenta contra nuestro bolsillo. Y no me refiero sólo al que sustrae losetas o césped artificial.

Damián Rubio es Coordinador Local de IU-Verdes Alhama

No hay comentarios: