lunes, 8 de diciembre de 2014

ARRUÍS


Artículo de Damián Rubio publicado en Infolínea

Desde el año 1970 podemos observar en Sierra Espuña a los arruís o muflones del Atlas, que fueron introducidos con fines exclusivamente cinegéticos. Se trata de una especie invasora, puesto que no es autóctona de este territorio, y esto ha originado una serie de problemas importantes desde su presencia en este espacio protegido.
El hecho de no tener depredadores naturales en este territorio, ha dado lugar a que el número de cabezas haya proliferado muchísimo hasta ocupar otras sierras colindantes, tales como las de Carrascoy, Ricote o María, por citar algunas de ellas, en busca de alimento. Ésta también es la causa de que invadan las zonas de cultivo próximas a las sierras donde habitan, creando con ello graves problemas a los agricultores, que se las ven y se las desean para conseguir algún tipo de indemnización por los destrozos sufridos en sus propiedades.
La Administración Regional empieza a darse cuenta de que la introducción de este ungulado se ha convertido en un “mal negocio”, puesto que son más los gastos que provoca su mantenimiento que los beneficios obtenidos por la actividad cinegética. De hecho, en las últimas temporadas es mayor la oferta de cabezas para abatir que las cobradas en última instancia. Los datos oficiales indican que quedaron sin cazar más del 30% de las piezas ofertadas.
Otro de los problemas generados por la caza del arruí es la acumulación de cadáveres que quedan esparcidos por Sierra Espuña, ya que una vez abatidos y conseguido el trofeo, los cuerpos decapitados quedan como alimento para los animales carroñeros, que resultan insuficientes cuando el número de cadáveres es importante. Noticias recientes indican que, hasta septiembre de este año, se han abandonado en el Parque un millar de ejemplares. Esto ha supuesto un grave problema medioambiental, provocado por el olor de los animales en descomposición.
Paradójicamente,  en fechas recientes, un ganadero afincado en Sierra Espuña ha sido multado por el supuesto abandono del cadáver de una oveja, probablemente atacada por un depredador o muerta por enfermedad, sin que su propietario conociese el lugar de su desaparición. Curiosamente, la denuncia de este hecho por parte de los celadores de caza (funcionarios que gestionan la actividad cinegética) se produjo unos días después de que el citado ganadero les denunciase, por abatir a disparos a un perro de su propiedad en extrañas circunstancias.
Me parece que la Administración utiliza una doble vara de medir, sanciona con multas superiores a 3.000 euros a un pequeño ganadero por el supuesto  abandono de una oveja, mientras que los cazadores pueden dejar más de mil cadáveres de muflones decapitados en el lugar donde han sido abatidos, con la connivencia de los funcionarios que les acompañan.
Creo que el problema se solucionaría habilitando en la Sierra algunos lugares específicos donde depositar, de forma controlada, los cadáveres para servir de alimento a los carroñeros.
No quiero pensar que todo obedece a una venganza personal, ante la denuncia presentada por el ganadero pidiendo responsabilidades por la muerte de su mascota.

Damián Rubio es Coordinador Local de IU.Verdes Alhama

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